Depresión y adicción sexual

Depresión y adicción sexual

Cuando el terapeuta de Dan le dijo que tal vez él era adicto al sexo, Dan se enojó muchísimo. Pensó que su terapeuta estaba exagerando. Dan estaba seguro de que su problema era la depresión. Simplemente estaba deprimido todo el tiempo y quería estar más feliz. Cierto, su vida había dejado una serie de relaciones fallidas, y sí, también tenía algunos problemas sexuales, pero solamente era porque estaba deprimido todo el tiempo. Sin embargo, su terapeuta había sido de mucha utilidad en más de una ocasión, así que para mantenerlo contento, Dan aceptó ir a un par de juntas en las que se usaban los Doce Pasos para la recuperación de la compulsión sexual.

 

En la primera junta, el grupo le pidió a Dan que asistiera por lo menos a unas seis juntas. Dan aceptó sólo para no romper el orden. El estaba convencido de que no necesitaba estar allí. Mientras escuchaba, se convenció todavía más de que ese no era su lugar, ya que los miembros del grupo batallaban con problemas sexuales que eran completamente ajenos a cualquier cosa que Dan hubiera siquiera pensado hacer. El se puso como meta tres juntas, suficientes para complacer al terapeuta sin prolongar la agonía. Durante la tercera junta, uno de los miembros mencionó que “la lujuria es equivalente a la soledad”. Dan escuchó con más cuidado mientras este hombre compartía las veces en las que buscó a una mujer para que se hiciera cargo de su rabia y de su dolor. Dan sabía exactamente la clase de pánico y desesperación que él estaba describiendo. Para Dan, esta fue la primera vez que pensó que el grupo tal vez serviría para él.

Dan fue a más juntas. Escuchó a uno de los miembros compartir su primer paso. Lentamente empezó a darse cuenta de que su propia conducta no era muy diferente. La explotación, los esfuerzos por detenerse, los dolorosos sentimientos después, las consecuencias de practicar la adicción, todo esto era muy real para él.

 

Pronto Dan le pidió a otro miembro del grupo que fuera su padrino. Su padrino era un hombre de edad que había estado en el programa durante cuatro años. Pacientemente, su padrino lo guió para empezar a trabajar los pasos. Dan se sorprendió mucho al darse cuenta de la complejidad y profundidad de los Doce Pasos. Eran engañosamente simples. Dan reconoció que tenía mucho que aprender. También se sorprendió mucho de lo rápidamente que los miembros del grupo empezaron a ser parte de su vida.

 

Ellos lo escuchaban durante horas en el teléfono, tomando café y comiendo a medio día. Pertenecer al grupo significaba unirse también a esa fraternidad de gente compasiva que iba más allá de las reuniones semanales. Por primera vez en su vida, Dan tenía amigos en los que podía confiar que no lo abandonarían. Dan empezó a compartir partes de su vida que nunca le había contado a su terapeuta, aunque el grupo le sugería asuntos específicos que podría tratar en terapia. El grupo hizo énfasis en que ellos no eran un grupo de terapia sino un programa de Doce Pasos.

La mayoría de los miembros reconocían, sin embargo, que la terapia y el tratamiento eran partes importantes de la recuperación. TOMADO DEL LIBRO SALIENDO DE LAS SOMBRAS. DE PARICK CARNES. PH.D